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Más juego, menos reglas

LOS ÁNGELES: UNA CIUDAD QUE PARECE UN SET DE PELÍCULA

  • Writer: Bárbara Cuevas
    Bárbara Cuevas
  • Jan 4, 2025
  • 4 min read

Agradezco profundamente tener el privilegio de viajar en familia y conocer ciudades que, antes de visitarlas, ya existían en mi imaginación a través del cine, la televisión, la música, el arte y la moda.


Los Ángeles, California, fue una de esas ciudades. Llegué con una maleta llena de referencias: las películas que vi con mi papá, las series que compartí con mi mamá, canciones que me acompañan desde hace años, diseñadores que admiro y una curiosidad constante por los lugares en los que la cultura visual aparece en cada esquina.


También llegué con un fotógrafo personal: mi papá. Él fue quien me llevó a ver las películas originales remasterizadas de Star Wars en el cine, quien me mostró cientos de películas cuando era niña y quien tomó las fotos que acompañan este viaje. Para quienes siempre preguntan por las fotos: sí, él tiene talento para encontrar el ángulo, el momento y esa luz que hace que todo parezca cinematográfico.



UNA CIUDAD PARA MIRAR COMO UNA PELÍCULA


Los Ángeles se siente como un set de filmación incluso cuando no hay cámaras alrededor. El cielo tiene un azul que parece sacado del papel tapiz de Toy Story, el sol ilumina todo con una intensidad espectacular y, al mismo tiempo, deja una huella visible sobre los edificios, los letreros y las calles. Hay algo brillante, extraño y ligeramente decolorado en el paisaje.


Con mi papá tenemos la costumbre de buscar estructuras que parezcan parte de una película de ciencia ficción. Él me enseñó desde niña a reconocer ciudades como escenarios: a observar la arquitectura, las sombras, las fachadas, los reflejos, las escaleras y los puentes como si una historia estuviera a punto de empezar.


En blanco y negro, muchas de las imágenes que tomamos podrían pertenecer a otra época. Un edificio puede convertirse en una nave espacial; una sombra, en una escena de suspenso; un puerto, en una secuencia de cine noir. Viajar así es también aprender a mirar.



SANTA MÓNICA, ARCADE FIRE Y EL “NOSOTROS”


Quienes me conocen saben que me gusta Arcade Fire, pero decir que “me gusta” se queda corto: es mi banda favorita. Sus álbumes hablan de problemas sociales, contradicciones colectivas, vínculos humanos y emociones que se sienten muy personales, aunque en realidad nos atraviesan como comunidad.


Durante esos días tenía especialmente presente WE, su sexto álbum. Cuando vi el rótulo de “Welcome” en Santa Mónica, tuve que aprovechar el momento. Era imposible no pensar en esa tensión entre el “yo” y el “nosotros” que atraviesa la canción y que también aparece cuando una persona viaja: una se mueve por el mundo desde su propia historia, pero inevitablemente se encuentra con otras realidades.


“I wanna give up

I wanna give down

Wanna give away everything in my hometown

Already know ‘I’"



MUSEOS, MODA Y SORPRESAS QUE NO PLANEABA


Siempre que viajo busco exposiciones relacionadas con indumentaria, textiles, diseño o cultura visual. Los museos son una de mis formas favoritas de conocer una ciudad: permiten entrar en contacto con sus relatos, tensiones, imágenes y memorias desde otras perspectivas.


En Los Ángeles visité LACMA, donde encontré una exposición especialmente interesante sobre Alexander McQueen. La muestra ponía sus prendas en diálogo con obras ya pertenecientes a la colección del museo, permitiendo observar cómo el diseño de moda puede conversar con la historia del arte, la escultura, la pintura, el cuerpo y la construcción de personajes.


Para mí, ver una prenda de McQueen en un museo no es solo mirar ropa. Es ver narrativa, técnica, teatralidad, investigación y una forma de construir emociones a través de siluetas, materiales y detalles. Su obra recuerda que la indumentaria puede ser una pieza de pensamiento visual: puede incomodar, conmover, cuestionar y contar una historia sin decir una palabra.


También me encontré con una exposición de arte coreano que abordaba la influencia de la ocupación estadounidense en la producción artística. Me interesó especialmente porque demuestra que ninguna imagen se crea fuera de su contexto. El arte guarda las huellas de los conflictos, los movimientos políticos, las relaciones de poder y las transformaciones sociales de una época.



EL BROAD, BARBARA KRUGER Y UNA FOTO ESPECIAL


Nunca reviso con anticipación todas las colecciones de los museos que voy a visitar. Prefiero dejar espacio para la sorpresa: caminar sin saber exactamente qué obra aparecerá frente a mí, detenerme cuando algo llama mi atención y permitirme descubrir piezas desde la experiencia directa.


El Broad fue una de esas sorpresas. Allí me encontré con la obra de Barbara Kruger, una artista a quien admiro profundamente. Sí, compartimos nombre, pero mi admiración va mucho más allá de eso.

Barbara Kruger ha trabajado con imágenes tomadas de la cultura popular, el lenguaje de la publicidad y frases contundentes para hablar de poder, consumo, género, desigualdad, control y política. Su trabajo toma recursos visuales que parecen familiares —tipografías directas, contrastes fuertes, mensajes breves— y los convierte en preguntas incómodas sobre la sociedad en la que vivimos.


Como alguien que trabaja desde el diseño, la comunicación visual y la publicidad, me interesa muchísimo esa capacidad de usar los códigos de la persuasión para cuestionar aquello que normalmente intentan vendernos. Su obra demuestra que una imagen puede tener una estética impactante y, al mismo tiempo, una postura política clara.


Durante la visita, el equipo de The Broad me pidió una foto mientras estaba frente a una de sus obras. Me emocionó muchísimo: no solo por estar en un museo que había querido conocer, sino porque ese momento reunía varias cosas que me importan. Estaba frente al trabajo de una artista llamada Barbara, cuya producción cuestiona el poder de la imagen, mientras yo aparecía con un atuendo elegido conscientemente como parte de mi propia narrativa visual.


En esa foto sentí que mi ropa también formaba parte de la escena. No como una comparación con la obra, por supuesto, sino como una pequeña extensión personal de algo que siempre me ha interesado: cómo las imágenes, el cuerpo, el mensaje y la vestimenta pueden dialogar entre sí.



UNA CIUDAD QUE SE MIRA Y SE CUESTIONA


Los Ángeles suele venderse como una ciudad de brillo, fama, alfombras rojas y apariencias impecables. Pero recorrer sus museos también abre otra lectura: una ciudad atravesada por preguntas sobre representación, territorio, identidad, desigualdad, historia y poder.


Esa contradicción fue una de las cosas que más me interesó del viaje. Entre el cine, los vestuarios, las tiendas, la arquitectura y las obras de arte, encontré una ciudad que constantemente fabrica imágenes, pero que también invita a preguntarnos quién aparece en ellas, quién queda fuera y qué historias están intentando contar.




 
 
 

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