
Soy Barbie Cuevas y uso la ropa como excusa para pensar, sentir y conversar. Vivo con artritis, alergias, SOMP y ansiedad; no lo cuento como anécdota, sino porque ha sido una escuela para aprender a escuchar el cuerpo, bajar el ritmo y cuestionar la idea de que ser productives solo ocurre en un trabajo fijo.

Mi práctica se nutre de muchas capas: dolores crónicos, seis gatos que me recuerdan la importancia del descanso y el juego, experiencia en producción textil y en proyectos donde la ropa, los objetos y las imágenes construyen mundos. Todo eso vive en La maleta de Barbie: un archivo de historias, preguntas y obsesiones visuales que hoy decido abrir y compartir.
No voy a decirle qué “debería” ponerse ni a imponerle un estilo. Prefiero acompañarle para que usted misma, usted mismo, usted misme explore su contexto, su imaginario, sus objetos y su cuerpo, y construya una forma de vestirse que le sea propia, disfrutable y coherente, como cuando de niñes podíamos inventar historias y jugar durante horas con lo que ya teníamos en la maleta.


Desde hace más de diez años he sostenido dos caminos: el diseño gráfico y editorial, y el trabajo en la industria textil y la cultura material. Estudié arte en la UNA y actualmente curso una maestría en comunicación en la UCR. Me interesa la ropa como lenguaje: cómo lo que usamos puede abrir conversaciones —a veces incómodas— sobre cuerpo, identidad, placer, trabajo, salud mental y consumo.
Me inspiran autoras como Stasia Savasuk, que habla de la congruencia de adentro hacia afuera, y la idea de Iris Apfel de que vestir diferente también es una forma de pensar diferente. En medio de la desinformación y el capitalismo cognitivo, creo que necesitamos más espacios donde vestirse sea un ejercicio crítico y amoroso, no un examen.


